miércoles, 11 de noviembre de 2015

Frases con imagenes(historia de amor)







Sólo quería decirle cuanto la amaba, la veía a sus ojos y quería llorar, era hermosa aún con su cara sucia, ella también me miraba sorprendida con los ojos tristes, evidentemente ella también estaba enamorada de mí. Llevábamos algunos minutos así, sólo mirándonos sorprendidos, me preguntaba: ¿por qué tiene que ser así?, ella desesperada y afligida me habló.- ¿Daniel?.- y nuevamente guardo silencio, esto provocó nuevamente grandes sentimientos en mí, era hermoso que una mujer encantadora me dijera "Daniel", mi nombre sin ningún título, sólo mi nombre que demostraba la confianza y cariño que me tenía; pero a la vez sentí desesperación, mi futuro era inevitable, y pensaba: ¿qué hice mal? quisiera que nada de esto hubiera pasado, quisiera ser un hombre normal, tener una familia con esta hermosa mujer, hacerla feliz y ser feliz con ella ¡la amo! ¡soy un hombre! ¿que acaso es malo amar a alguien? ¿no merezco lo que los demás?.






No sé que pensaba ella pero la admiraba y estaba totalmente agradecido con ella por amarme así, me impresionaba su amor, por qué era un amor verdadero, nada egoísta, era impresionante como estaba allí conmigo sólo esperando lo inevitable y aceptando mi realidad.
Escuchamos los pasos y supimos que la hora había llegado, primero me desataron a mí y me volvieron a atar en medio de dos postes con los brazos extendidos, yo la volteé a ver ella no lloraba estaba paralizada mirándome, uno de ellos me dijo.- En serio que no te entiendo, ¡es tan fácil!, sabes lo que tienes que decir, sólo dilo y estarás con ella.
Era el momento más difícil de mi vida, yo quería estar con ella pero no sabía a que me podría arriesgar, él se dirigió nuevamente hacía mí y dijo ya apuntándome con el rifle.- ¡Ándele! ya líbrese de esto... ¡dígalo!- la mire nuevamente y él me grito.- ¡PADRE!.- ¡VIVA CRISTO REY!...

En ese momento todo mi mundo se vino abajo, por un momento sentí la esperanza de que él decidiera quedarse conmigo, al ver su cuerpo sin vida no lo podía creer, ¡lo amaba, lo amaba! ¡Era mi vida, mi cielo, mi todo! y pensaba: ¿por qué me lo quitaron? ¡Oh Dios! ¿Por qué haces esto? ¡Él era un hombre casi perfecto! ¡Se merecía más felicidad que cualquiera de los demás! ¿Por qué crees que no éramos capaces de vivir juntos?...


Estuve dos días más secuestrada y finalmente me dejaron libre. Por mucho tiempo fui una mujer amargada, decepcionada de la decisión de Daniel, enojada con Dios, no me paraba en la iglesia y no quería pensar en otro hombre.

Cuatro años después conocí a un hombre llamado Alejandro el mostraba interés en mí y yo sólo trataba de no ser grosera, era tan difícil después de lo que viví, que llegara otro hombre comportándose romántico, y con fe en Dios. Posteriormente empezaba a sentir cariño hacia él, era muy dulce y me recordaba a Daniel, pero cuando recordaba a Daniel me sentía nuevamente hecha trizas, no podía estar con Alejandro enamorada de Daniel.

Una noche mientras dormía se me presentó Daniel en mi sueño, al verlo corrí hacia él, lo abracé y le dije.- Daniel ¿por qué me dejaste? ¿por qué me hiciste este daño?.- Lizbeth, sólo quise lo mejor para los dos, tú y yo no podíamos estar, yo soy Sacerdote y ahora que estoy vivo en verdad, me alegro de amarte, estoy feliz porque en mi vida carnal me enamoré y sufrí como cualquier otro de mis hermanos por amor, un amor que gracias a mi decisión sigue siendo puro, si me hubiera quedado contigo yo hubiera dejado mi ministerio que tanto amo, hubiera pasado el tiempo y claro que no iba a ser como lo fueron aquellas semanas que estuvimos juntos, yo sería criticado al igual que tú, pensaría tanto en mi sacerdocio que dejé, me reclamarías que no te amo como antes y yo que me arrebataste de mi ministerio, en fin no seríamos felices y terminaríamos separados, y créeme que no estoy siendo negativo, estoy siendo realista, te lo aseguro, ahora yo soy feliz y tú tienes la oportunidad de serlo, date la oportunidad.- Daniel, pero te extraño.- no me extrañes, estaré contigo, mírame Lizbeth, ya no soy el hombre con el que te puedas casar, soy muy diferente, ahora tienes alguien que te quiere y sabes que tú también lo quieres, el matrimonio no es fácil pero es muy satisfactorio, lo sé porque yo lo vivo, estoy comprometido con mi Dios y con toda la humanidad que me hicieron Santo, ¡se feliz, Lizbeth! ¡Te amo!...
A partir de ese día dándome cuenta de que Daniel se sacrificó por mi empecé a ser feliz y sentirme dichosa, me casé con Alejandro y tengo una hermosa familia con hijos, hijas y ahora también nietos que son un privilegio para mí, los amo a todos, finalmente creó que la generosidad de este hombre trajo miles de bienes, lo amo y espero en la vida futura encontrarme nuevamente con él y ser felices junto con toda mi familia.

Autor

El amor de mi vida

J. D. Anda