jueves, 15 de octubre de 2015

Me ovidare de Ti





-Mi querida hija- decía Aní jugando con sus muñecas cuando tenía 8 años.
Aní era una niña muy linda, tenía unos ojos azules muy hermosos, su cabello era de color rubio y largo que le llegaba hasta un poco más debajo de los hombros, con el cual se le podían hacer diversos y hermosos peinados, tenía una nariz respingada, su color de piel era lindo no era ni tan pálida ni tan morena, media 1,38 metros, era delgada y muy tierna. Lo único malo que tenía era que padecía de asma.
Ella anhelaba cuando grande tener un buen esposo y un montón de hijos, es lo que más ansiaba. Todas las tardes después de llegar del colegio jugaba con sus muñecas y luego hacia sus deberes.
Un día como cualquiera, llego a su casa después de la escuela a jugar con sus muñecas, solo que este día sus muñecas no estaban por ningún lado y las que estaban allí, estaban rotas porque eran unas muñecas muy antiguas que le habían dado sus padres cuando era muy pequeña. Las busco por toda la casa sin dejar ningún lugar sin revisar, le pregunto a su mamá, a su papá y a sus hermanos, pero ninguno de ellos las había visto. Fue a la sala de estar por tercera vez y hay vio a un niño que estaba sentado en el sofá que Aní nunca había visto.
Era un niño muy bello de unos ojos celestes y claros como el agua, un poco más claros que los de Aní, tenía una cabellera rubia y brillante, igual a la de Aní, solo que más corta, y era demasiado pálido, debió haber tenido la misma edad de Aní y era solo un poco más alto que ella.
Ella le preguntó que quien era. Él salió corriendo y agarro las muñecas que tenia escondidas detrás de un cojín del sofá. Ella salió a la siga detrás de él. Él niño la llevo hasta su habitación y luego desapareció sin dejar rastro, ella se quedo pensativa por un momento y luego comenzó a jugar con sus muñecas como si nada hubiera pasado.
Termino de jugar a las 18:00 horas en punto y fue a hacer los deberes. De pronto le surgió una duda sobre la tarea y le fue a preguntar a su madre. Cuando su madre le estaba explicando, se acordó de ese niño tan blanco como el papel y le pregunto a su madre que quien era ese niño que estaba sentado hace un rato en el sofá de la sala de estar. Su madre le respondió que era un niño que venía de Inglaterra a quedarse ya que el orfanato en el que estaba se destruyo en un terremoto, como era 1932 las construcciones eran muy débiles y se caían por un pequeño movimiento. Como la casa de Aní era grande había mucho espacio para que él se quedara, así que no había ningún problema en que el estuviese hay.
-¿Por qué te ha hecho algo?- pregunto su madre.
-Si me quito mis muñecas y no sé donde las dejo- le respondió ella.
- Ya se las vamos a ir a pedir las dos- dijo entonces la madre.
Fueron donde el niño. La madre se acerco a él y dijo- Amadeo tu tomaste las muñecas de Aní-.
-Si- respondió Amadeo temerosamente.
- ¿Por qué?- Pregunto Aní firmemente.
-Es que en el orfanato de Inglaterra yo tomaba las cosas y nadie me decía absolutamente nada- respondió él.
- Pero aquí no estás en estados unidos no en Inglaterra, y además estas en una casa no en un orfanato- dijo la madre- ya no te preocupes, pero solo devuélvele las muñecas a Aní y pídele perdón.
-Toma- dijo Amadeo pasándole las muñecas a Aní- y perdón por tomarlas sin permiso.
- No importa, ¿pero quieres ven a jugar con migo?- dijo ella.
- Me encantaría- dijo él. Y se fueron juntos a jugar a la habitación de Aní.
-Amadeo- dijo la madre- recuerda que mañana comienzan tus clases e iras con Aní a la escuela
-Si señora- respondió entonces Amadeo.
Los dos niños jugaron juntos toda la tarde. Aní se dio cuenta que sentía algo muy extraño cuando estaba con ese niño tan blanco como el papel, al igual que Amadeo sentía lo mismo por Aní. Pasaron los días y como dijo la madre de Aní al otro día Amadeo iba a ir a la escuela. Amadeo era un niño muy inteligente y no le costó agarrar el ritmo de sus demás compañeros. Todos los días llegaban de la escuela los dos niños y jugaban con las muñecas y a unos juegos que Amadeo le había mostrado a Aní. Y luego hacían juntos sus deberes ayudándose uno al otro.
Un día los padres de Aní les regalaron a los dos niños unos muñecos para que jugaran, a ella le regalaron una muñeca de trapo muy linda con unos enormes ojos y cabello rojo que vestía un muy lindo vestido rosado y otra muñeca de porcelana, con un lindo cabello rubio y un vestido amarillo con una cinta rosada. Y al niño un muñeco de trapo de un lindo cabello rubio y vestido con unos trapos, la camisa verde y el pantalón azul, muy parecido a Amadeo. Los dos niños quedaron fascinados con los obsequios, pero faltaban cosas, a Amadeo le regalaron un hermoso triciclo con forma de caballo y el niño blanco como el papel quedo fascinado. Los dos niños quedaron muy contentos y se fueron a jugar juntos con sus nuevos juguetes. Estaban jugando muy felices cuando Amadeo tomo la muñeca de porcelana de Aní y le puso un sello, Aní por un momento se enojo pero luego se fijo que eso que le había puesto ese niño blanco como el papel le quedaba muy lindo a su muñeca.
Se fueron a hacer los deberes y luego se acostaron. Aní durmió con su muñeca nueva y los muñecos de trapo los dejaron juntos sentados en un sillón.
Pasaron los días que se convirtieron en semanas y esas semanas en meses. Todos los días la pasaban fenomenal y todos los días iban descubriendo algo nuevo. Hasta que un día a Aní le dio un ataque de asma y se puso muy grave y la dejaron en cama. Amadeo muy preocupado iba todos los días a ver a Aní y jugaban juntos con las muñecas pero Aní no salía de la cama. Aní sentía que Amadeo, ese niño tan blanco como el papel, la hacía sentir mucho mejor. Pasaron los días y Aní no mejoraba, un día que Aní se sentía muy mal la llevaron al hospital, y la tuvieron que dejar allí hospitalizada. Amadeo la iba a ver todos los días, muy preocupado de que le pasara algo a su amiga a veces dormía con ella en el hospital. Aní seguía sintiendo que Amadeo la hacía sentir mejor. Un día cuando Amadeo estaba rezando por Aní, ella lo beso en la frente, y a los minutos después murió, el niño se puso a llorar como loco al igual que los familiares de Aní.
Pasaron los días y Amadeo no iba al colegio y no podía comer ni dormir, los padres de Aní muy preocupados por él, le dieron las muñecas de Aní para que él siempre la recordara y también le dieron una foto de Aní con la muñeca de porcelana la que tenía el sello que Amadeo le había puesto. Él muy feliz se quedo con esos recuerdos de Aní y todas las semanas la iba a visitar al cementerio , le dejaba una flor y le contaba todo lo que estaba pasando, y jugaba con ella a las muñecas.

Blanco como el papel


Rayén Gómez Vallejos