martes, 1 de septiembre de 2015

Lo que Dios Unio








Por lo general, las causas de un divorcio son menos numerosas y más sencillas que sus consecuencias.
El divorcio es la segunda causa más dolorosa después de la muerte. Todos sabemos que somos mortales y que algún día, lo deseemos o no, vamos a tener que partir de este mundo. En cambio el divorcio es una decisión voluntaria. Nadie está obligado a divorciarse, pues la mayoría de los matrimonios se forman con las intenciones que duren una vida entera. ¿Cómo nace entonces esa determinación de romper un hogar? Veremos algunas causas:

  1. Elección. Elegí mal, me enamore por el aspecto físico y superficial. Esto se marchito muy pronto. No trate de entender a mi pareja y a intentar adaptarnos a lo que iba a ser nuestra nueva vida. Falta de preparación para estudiar y entender el compromiso que va a adquirir y sus responsabilidades. Me equivoque al pensar que cualquier cosa es mejor que la soledad. Me di cuenta tarde que es mejor la soledad, pero libre, antes que estar con alguien que te controle abusivamente.
  2. Dinero. Puse esto por delante y fracasó. Yo tenía mi cuenta para mis gastos y caprichos, el tenía la suya para lo que quisiera hacer. No teníamos dinero en común, nada mas que para pagar los gastos comunes, no para hacer un hogar pensando en el futuro. Cada uno gastábamos sin preocuparnos en lo que teníamos en común, por lo que llevamos al máximo nuestras tarjetas de crédito y no pudimos hacer frente a la vida desorganizaba que llevábamos. La voluntad estaba dominada por el dinero, no pudo controlar el vaivén de los sentimientos.
  3. Sacrificio. Creíamos que el matrimonio solamente era de color de rosa y no queríamos ver las espinas que tienen las rosas. Cuando nos llegaban las adversidades, no las aceptábamos como propias. Siempre teníamos alguna disculpa para justificarlas y en el mejor de los casos, un propósito de arreglarlas mas adelante. No hacíamos ningún sacrificio el uno para el otro, cediendo en nuestras diferencias. No hicimos nada para que nuestro matrimonio fuese duradero, apasionado y feliz a lo largo de los años. No éramos honestos con nosotros mismos, ni con nuestro cónyuge. Nunca teníamos un plan de vida realista, para vivir en armonía.
  4. Violencia. Por que mi pareja tiene ataques de ira que le llevan a perder el control, aunque sea momentáneamente y no quiere ponerse en tratamiento para curarlo. Después de esos momentos de ira motivados por los celos infundados, el pensar solo en el YO y no en el TU, el alcohol o las drogas, no se acuerda o no se quiere acordar, de su mal carácter no dominado. La violencia ha penetrado en nuestro matrimonio y ha salpicado a nuestros hijos. Se están acostumbrado a ver escenas violentas dentro de la familia, que nos están dejando cicatrices imborrables y marcando para siempre nuestras futuras relaciones. No puedo acostumbrarme a tener que pasar toda la vida sufriendo violencia, nuestros hijos tampoco, y se merecen llevar una vida normal, para que no queden marcados para siempre. Sufrir sin ninguna causa no es amor.
  5. Virtudes y valores. Por que no he sabido reforzar las virtudes y los valores que tiene mi pareja, aunque estén muy ocultas y solo hemos hecho que pelearnos, lo que ha originado que sus defectos se agranden. Nunca he intentado que tome medidas a corto y largo plazo, para potencias sus valores y corregir sus defectos.
  6. Infidelidad. Nos prometimos fidelidad y no la cumplimos. Cada uno tiene relaciones fuera del matrimonio. Alguien nos dijo equivocadamente, que el matrimonio no tenia que ser una cadena para siempre, que podría ser una cadena que nos atara a los dos, pero con eslabones voluntarios. Esta mala interrelación es la que no nos permite continuar, ya que nuestras relaciones extra matrimoniales, cada día exigen más dedicación y la dedicación tiene que ser hacia la familia. Ya es tarde para cambiar. Personas fieles a su pareja, aunque haya habido amores furtivos, prohibidos, clandestinos. Personas enganchadas a relaciones imposibles, intermitentes o destructivas que lloran por un amor perdido o sin futuro.
  7. Entrega y adaptación. Habíamos prometido, que cada uno de nosotros iba a cambiar algunas actitudes nocivas, que habíamos descubierto y la verdad ha sido que no hemos cambiado ninguna, porque no hemos hecho ningún esfuerzo por acoplarnos. Creíamos que el matrimonio nos iba a arreglar nuestros caracteres, pero nos hemos vuelto cada vez más egoístas, sin pensar que para logran un matrimonio con futuro, hay que pensar en la pareja, mas que en uno mismo, hasta que ha llegado el momento de que no nos aguantamos. El matrimonio es para darse a la otra persona, sin esperar nada a cambio y ésto no lo hemos hecho.
  8. Egoísmo. En el fondo, nunca creímos que íbamos a ser una sola persona, ni nunca pusimos los medios para llegar a serlo. Nuestro egoísmo e individualismo, no nos permitió entregarnos completamente. Seguíamos estando separados mentalmente. Estábamos unidos en algunas cosas físicas, pero no en las mentales y espirituales. Cada uno vivíamos nuestra vida, a nuestro aire. Los problemas que nos llegaban, no sabíamos enfrentarlos como pareja unida. Aquello era un ¡sálvese el que pueda!
  9. Cambios. La famosa frase “Cuando me case le haré cambiar” nunca ha funcionado y menos en nuestro matrimonio. Seguimos teniendo los mismos defectos que cuando éramos solteros. No hemos tenido ningún aliciente para cambiar, ni ningún programa para irlo haciendo. Hemos llegado a una situación donde nos damos cuenta, que no hemos hecho nada por cambiar y que tampoco vamos a cambiar nuestras actitudes mínimas, para la convivencia de un matrimonio.
  10. Culpabilidad. Hay personas que se echan la culpa de todo lo que ha pasado en el matrimonio. Se frustran y enferman, si la pareja nos les atiende como creen que se merecen. No saben apartarse de quien les quiere mal y les hace sufrir continuamente, incluyendo a los hijos. Temen perderlo y se aferran a su compañía, incluso pagando un alto precio de sumisión, con tal de no provocar conflictos. Nunca se cansan de esperar y esperar, aunque no vean ningún cambio en las traiciones, engaños y malos tratos.
¿Cómo te está afectando el divorcio?

Cualquier divorcio es difícil y doloroso para los dos miembros de la pareja.
No importa quién lo pide y por qué lo hace.

Aun para la persona que lo pide, porque ha sido víctima de violencia física o emocional, es un proceso que deja huellas profundas.

Pero cuando el matrimonio era bueno y estable, es aún más difícil porque los buenos recuerdos superan a los malos y porque la reacción de la familia y amigos es de incredulidad, y por lo tanto, pueden ser poco apoyadores.

Un divorcio afecta todas las áreas de la vida de la persona:
  • Personal,
  • emocional,
  • parental,
  • económica,
  • familiar,
  • social,
  • de trabajo y
  • los aspectos prácticos de la vida diaria.



A nivel personal, el divorcio afecta nuestra:

A nivel emocional.

Cualquier persona que se divorcia atraviesa por sentimientos muy intensos y encontrados.

Una sola emoción puede durar días o semanas o pueden cambiar constantemente en un mismo día.

Esta situación se da, aun en las personas que toman la decisión de divorciarse, ya sea por violencia intrafamiliar, infidelidad en la pareja o por un nuevo amor en su vida.

Sin embargo, cuando el divorcio es el resultado de largas crisis y conflictos o cuando la persona no quiere el divorcio, las emociones son más intensas y desgastantes.

Entre las emociones más frecuentes encontramos:
  • Tristeza o depresión por la relación que se ha terminado y las diferentes pérdidas que involucra el divorcio: sueños, expectativas, identidad, amigos, etc.
  • enojo con uno mismo y hacia la pareja, al culparla de la ruptura y del daño que ha causado a la familia,
  • culpa,
  • deseos de venganza,
  • alivio,
  • confusión,
  • ambivalencia,
  • temor y preocupación respecto al futuro,
  • inseguridad respecto a la posibilidad de reconstruir una nueva vida,
  • sentimientos de fracaso, por no haber podido evitar los problemas o "salvar" el matrimonio,
  • miedo a la soledad y/o a tomar decisiones equivocadas,
  • remordimiento, sobre todo por el dolor causado a otras personas (hijos, padres, etc.),
  • etc.
Todos estos sentimientos son normales.

La intensidad y duración depende de las características de cada persona y de cada situación.
La forma de reaccionar de cada quién también.

A nivel parental.

Los padres, tanto el hombre como la mujer, pueden sentir que, cuando los hijos están con ellos, tienen que cubrir tanto el rol de la madre como el del padre.
Esto puede generarles mayor tensión.

Tienen que responsabilizarse de decisiones y aspectos de la disciplina de los hijos, que pueden ser nuevos y difíciles de llevar a cabo.

Pueden verse manipulados por los hijos o sentir el temor de que éstos no quieran estar con ellos.

Tienen que aceptar decisiones y conductas de la ex-pareja, con las que no están de acuerdo, pero en las que ya no los toman en cuenta.

Tienen que tener muy presente que el divorcio acaba con la relación como pareja, pero el contacto entre ambos y la toma de decisiones relacionadas con los hijos continúa. 

En el aspecto económico.

Un divorcio, generalmente implica cambios económicos importantes.

Cada una de los miembros de la pareja va a tener los gastos propios de casa, comida, etc., además del mantenimiento de los hijos.

Si la mujer no trabajaba, va a depender de lo que le de el marido y posiblemente de un sueldo que tiene que aprender a administrar.

Si el marido no le da lo suficiente para cubrir sus gastos o si su sueldo es insuficiente, la mujer tiene que aprender a privarse de muchas cosas.
Incluso de algunas necesarias.

Cuando el hombre cubre todos los gastos de los hijos y le pasa pensión a la mujer, sus gastos aumentan de manera considerable y no siempre tiene ingresos suficientes para vivir desahogadamente.

Los niños también se enfrentan a cambios económicos, que no siempre aceptan.

A nivel familiar.

Un divorcio afecta a todos los miembros de la familia cercana, en mayor o menor grado.
Los problemas con los hijos pueden surgir por diferentes motivos:
  • Reaccionan agresivamente contra alguno de los padres, contra ambos o ante sus amigos y maestros,
  • se pueden deprimir,
  • bajan su rendimiento escolar,
  • presentan problemas de conducta importantes,
  • etc.
Si existía una buena relación con la familia política, muy probablemente dicha relación se termina o cambia.

Con la familia de origen pueden surgir problemas por diferentes motivos:
  • No dan el apoyo que la persona que se está divorciando espera,
  • los padres o hermanos, sobre todo en el caso de la mujer, interfieren demasiado en las decisiones que se tienen que tomar,
  • intervienen directamente en la educación de los nietos o sobrinos, aun en contra de los propios padres,