martes, 8 de septiembre de 2015

De uno en Uno













De uno en uno


 En una puesta de sol, un amigo nuestro iba caminando por una desierta playa
mexicana. Mientras andaba empezó a ver que, en la distancia, otro hombre se
acercaba. A medida que avanzaba, advirtió que era un nativo y que iba
inclinándose para recoger algo que luego arrojaba al agua. Una y otra vez
arrojaba con fuerza esas cosas al océano.

Al aproximarse más, nuestro amigo observó que el hombre estaba
recogiendo estrellas de mar que la marea había dejado en la playa y que, una
por una, volvía a arrojar al agua.

Intrigado, el paseante se aproximó al hombre para saludarlo:

 —Buenas tardes, amigo. Venía preguntándome qué es lo que hace.

—Estoy devolviendo estrellas de mar al océano. Ahora la marea está baja y
ha dejado sobre la playa todas estas estrellas de mar. Si yo no las devuelvo al
mar se morirán por falta de oxígeno.

 —Ya entiendo

—replicó mi amigo

—, pero sobre esta playa debe de haber
miles de estrellas de mar. Son demasiadas, simplemente. Y lo más probable es
que esto esté sucediendo en centenares de playas a lo largo de esta costa. ¿No se
da cuenta de que es imposible que lo que usted puede hacer sea de verdad
importante?

 El nativo sonrió, se inclinó a recoger otra estrella de mar y, mientras volvía
a arrojarla al mar, contestó:

—¡Para ésta si que es importante!